EL PAPEL DEL INDIVIDUO EN LA HISTORIA PLEJANOV PDF

Escritor ruso, populista. Por cierto, hay que hacer notar, sin embargo, que este error del 3. Sustancia individual concreta. Palabra derivada del griego hypostatos, situado debajo, sustancial. En respuesta a esto, Priestley hizo referencia a la experiencia diaria. III, Cap.

Author:Kigakinos Tataur
Country:Bolivia
Language:English (Spanish)
Genre:Relationship
Published (Last):22 June 2007
Pages:481
PDF File Size:6.15 Mb
ePub File Size:10.4 Mb
ISBN:279-6-92846-308-5
Downloads:64862
Price:Free* [*Free Regsitration Required]
Uploader:Kakus



Plejanov, cuyo trabajo E papel del individuo en la Historia ofrecemos a la atencin del lector, ocupa uno de los primeros puestos entre los ms destacados representantes del pensamiento ruso del siglo X IX. En el primer perodo de m actividad Plejanov fundador del primer grupo marxista ruso, el grupo Emancipa cin del TrabajoT fue un brillante representante del marxismo, un luchador contra el populismo ruso, contra el bernsteiansmo y sus partidarios rusos, contra el idealismo filosfico.

Buen terico, Plejanov, en el terreno prctico de la labor de organizacin, no demostr poseer las cuali dades que distinguen a un jefe proletario.

Plejanov no comprendi las nuevas tareas que se planteaban ante el partido obrero en, una poca nueva, la poca del imperialismo y las revoluciones proletarias. Por esta razn, en la segunda etapa de su actividad , Plejanov no se mantuvo fiel al marxismo re volucionario. P,ero los anteriores trabajos de Plejanov, escritos por l en el mejor perodo de su actividad, conservaran an hoy su importancia.

Entre los otros trabajos de Plejnov, destinados a fundamentar y defender el marxismo y a propagar la teora marxista del desarrro- llo de la sociedad el folleto E l papel del individuo en la Historia es uno de los mejores.

Escrito con gran talento, imaginacin e inge nio, sigue hasta hoy estusiasmando al lector y contribuye a la com prensin exacta del papel del individuo en el desarrollo de la sociedad. En este trabajo, Plejnov destruye al mismo tiempo los argumen tos de los apologistas abiertos del capitalismo, los cuales, invocando el carcter regular del desarrrollo de la sociedad, trataban de razo nar tericamente la necesidad de que los obreros renuncien a la lucha contra el capitalismo y, de eso modo, eliminar del movimiento histrico su principal fuerza motriz: la clase revolucionaria y los je fes de dicha clase.

Los enemigos del marxismo trataban insistentemente de atribuir a los partidarios de Marx el silogismo siguiente: puesto que el desa rrollo de la sociedad es un proceso regxdar, el individuo nada pue de. Plejanov desenmascara tambin este intento. Plejanov pone de relieve brillantemente el papel ex cepcional que en la historia puede jugar una personalidad destacada.

E l folleto de Plejanov E l papel del individuo en la Histeria sigue conservando toda su enorme importancia, contribuyendo tanto a la comprensin de la doctrina marxista sobre el papel del indivi duo en la Historia, como a la destruccin de las concepciones pse-u- docientficas respecto a este papel.

En la segunda mitad de la dcada del 70, el finado Kablitz 1 es cribi un artculo bajo el ttulo La Inteligencia y el Sentimiento como Factores de Progreso , en el que. El honorable socilogo tena razn, naturalcente, cuando defenda la inteligencia. Pero la hubiera tenido en mayor grado todava si, no entrando en la esencia de la cuestin planteada por Kablitz, hubiera sealado hasta qu punto era imposible e inadmisible su planteamiento mismo.

Y, en realidad, la teora de los factores es de por s incon sistente,. Pero esta teora es ms infundada aun en la forma que ha adquirido en el artculo de Kablitz, el cual convirti en hipstasis sociolgicas especiales, no ya stos o Jos otros aspectos de la actividad del ser social, sino los diferentes dominios de la concien cia individual.

Son verdaderas columnas de Hrcules de la abstraccin; no se puede ir ms lejos, porque ms all comienza el reino grotesco del ms claro de los absurdos. Es en eso sobre lo csue el honorable socilogo debera llamar la atencin a Kablitz y sus lectores. Al mos trar el laberinto de abstracciones a que condujo a Kablitz su aspira cin de encontrar un factor dominante en la Historia, el honorable socilogo , impensadamente, quiz, tambin hubiera hecho algo por la crtica de la teora misma de los factores.

Esto hubiera sido muy provechoso para todos nosotros en aquel tiempo. Pero no pudo estar a la altura de esa misin. E l mismo participaba de aquella teora, dife rencindose de Kablitz nicamente por su inclinacin hacia el eclec ticismo. Ivas propiedades eclcticas de su espritu se manifestaron luego con mayor claridad en sus ataques contra el materialismo dia lctico, en el cual vea una doctrina que sacrificaba al factor econ mico todos los dems y que reduce a cero el papel del individuo en la Historia.

A nuestro honorable socilogo ni siquiera se le ha ocurrido que el punto de vista de los factores resulta extrao al materialisr mo dialctico y que, nicamente la falta absoluta de capacidad de pensar lgicamente, permite ver en l una justificacin del llamado quietismo. Hay que hacer notar, sin embargo, qne esta falta del hono rable socilogo no tiene nada de original: la cometan, la cometen y, seguramente, la seguirn cometiendo muchos otros.

A los materialistas se Ies empez ya a reprochar su inclinacin al quietismo cuando no tenan an formada su concepcin dialctica de la naturaleza y la historia. Sin internarnos en la lejana de los tiempos , hemos de recordar la controversia del conocido sabio ingls Priestley con Priee. Analizando la doctrina de Priestley, Price demostraba, entre otras cosas, que el materialismo es incompatible con el concepto de libertad y elimina toda iniciativa individual.

En res- puesta a esto, Priestley, invoc la experiencia diaria, No hablo de m mismo, aunque, naturalmente, a m tampoco se me puede calificar como al ms inerte de los animales am not the nwsi torpid and lifless of all animals , pero yo les pregunto: dnde encontraran ms energa mental, ms actividad, ms fuerza y tenacidad en la consecucin de los G. Desconocemos si en realidad esta secta era tan activa como pen saba su adepto Priestley.

Pero esto no tiene importancia. Est fuera de toda duda que la concepcin materialista de la voluntad del hom bre concuerda perfectamente con la ms enrgica actividad prctica. Lanson, hace notar que todas las doctrinas que ms exigencias formula ban a la voluntad humana, afirmaban en principio la impotencia de la voluntad; ellas negaban la libertad y subordinaban, el mundo a la fatalidad 4 Lanson, no tiene razn cuando piensa que toda negacin del llamado libre albedro conduce al fatalismo; pero esto no le ha im pedido notar un hecho histrico de sumo inters: en efecto, la historia demuestra que incluso el fatalismo, no slo no ha impedido siempre la accin enrgica en la actividad prctica, sino, por el contraro, en determinadas pocas ha sido la base psicolgica indispensable de dicha accin.

Recordemos, por ejemplo, que los puritanos, por su energa, superaron a los otros partidos de la Inglaterra del siglo X V II, y que los adeptos de Mahoma sometieron a su poder en un corto plazo un enorme territorio desde la India hasta Espaa, Se equivocan de medio a medio aqullos que piensan qne es suficiente estar convencidos del advenimiento inevitable de una serie de acontecimientos, para que desaparezca toda nuestra posibilidad psicolgica de contribuir a ellos o contrarrestarlos 5.

Aqu todo depende de si mi propia actividad constituye el eslabn indispensable en la cadena de los acontecimientos necesarios. Si la res puesta es afirmativa, tanto menores sern mis vacilaciones y tanto ms enrgicos mis actos.

En esto no hay nada de sorprendente: cuando de cimos de un determinado individuo que l considera que su actividad es un eslabn necesario, en la cadena de los acontecimientos necesarios, eso significa, entre otras cosas, que la falta de libre albedro equivale para l a la total incapacidad de permanecer inactivo y qne esa falta de libre albedro se refleja en su conciencia en forma de imposibilidad de obrar de un modo diferente al que obra.

A Hamlet. Y por eso mismo, Hamlet, jams hubiera admitido una filosofa, segn la cual la libertad no es ms que la necesidad hecha conciencia. Nos referimos al conocido ejemplo del eclipse de luna. En realidad, es un ejemplo archiabsurdo.

Entre las condiciones cuya conjuncin es in dispensable para que se produzca un eclipse de luna, la actividad humana no interviene, ni puede intervenir de ningn modo, y, por ese solo hecho, nicamente en un manicomio podra formarse un partido que se propusiese contribuir al eclipse de la luna.

Pero, aunque la actividad humana fuese una de esas condiciones, ninguno de los que deseando ver im eclipse de luna, estuviesen al mismo tiempo conven cidos de qne fatalmente se producir incluso sin su participacin, se adherira a dicho partido. En este caso, su quietismo no sera ms que la abstencin de una accin superfina, es decir, intil, y no tendra nada que ver con el verdadero quietismo.

Para que el ejemplo del eclipse dejara de ser absurdo en el caso arriba mencionado habra que cambiar totalmente su naturaleza. Habra que imaginarse que la luna est dotada de conciencia y que la situacin que ocupa en el espacio, gracias a la cual tiene lugar su eclipse, se le aparece como el fruto de su libre albedro y no slo 3e produce un enorme placer, sino que es absolutamente indispensable para su tranquilidad moral, por lo que tiende siempre apasionadamente a ocupar esta posicin6.

Segn Stammler, ese descubrimiento la hara in capaz, con toda seguridad, de moverse, si es que no lograba salir del enredo gracias a alguna contradiccin lgica. Pero esta hiptesis carece de toda base. Este descubrimiento podra constituir uno de los fun damentos formules del malestar de la luna, de su desacuerdo moral consigo misma, de la contradiccin entre sus ideales y la realidad mecnica. Pero como nosotros suponemos que, en general, el estado squico de la lu n a est condicionado, en fin de cuentas, por su movi miento, es en el movimiento donde habra que buscar el origen de su malestar espiritual.

Examinando atentamente la cuestin resultara, a lo mejor, que cuando se encuentra en su apogeo,, la luna sufre porque su voluntad no est libre, y encontrndose en el perigeo, la misma circunstancia constituye para ella una nueva fuente formal de goce y elevado estado moral. Tambin podra resultar al revs: que fuera en su apogeo y no en el perigeo cuando encontraba los medios de conciliar la libertad con.

Pero, de cualquier manera, est fuera de dudas que tal conciliacin es absolutamente posible: que la conciencia de la necesidad concuerda perfectamente eon la ms enrgica G. En todo caso, as suceda hasta ahora en la His toria. Los hombres, que negaban el libre albedro superaban frecuente mente a todos los contemporneos por la fuerza de su propia voluntad, a la que formulaban mayores exigencias.

Los ejemplos son numerosos y bien conocidos. Unicamente es posible olvidarlos, como, por lo visto, hace Stammler, cuando de propio intento, no quiere ver la realidad histrica tal como es. Semejante falta de deseo se manifiesta muy pode rosamente, por ejemplo, entre nuestros subjetivistas y entre algunos filisteos alemanes.

Pero los filisteos y los subjetivistas no son hombres, sino simples fantasmas, como dira Bielunski7. Examinaremos, no obstante, ms de cerca el caso cuando las ac ciones propias del hombre pasadas, presentes o futuras, se le apa recen claramente bajo la forma de la necesidad.

Ya sabemos qne, en este caso, el hombre considerndose a s mismo un enviado ds Dios, como Mahoma, o un elegido por el destino ineluctable, como Napolen, o un portador de la fuerza invencible del movimiento histrico, como algu nos hombres pblicos del siglo XXX pone de manifiesto una fuerza de voluntad casi ciega, destruyendo como castillos de naipes todos los obstculos levantados en su cambio por los H am lets8 grandes y pequeos de toda comarca 9.

Pero ahora este caso nos interesa bajo otro aspecto, que es el qne vamos a analizar. Cuando la conciencia de la falta de libertad de mi voluntad se me presente nicamente bajo la forma de una imposibilidad total, subjetiva y objetiva, de proceder de modo distinto a como lo hago, y cuando mis acciones se me aparecen, al mismo tiempo, como las acciones ms deseables entre todas las posi bles, en tal caso la necesidad se identifica en mi conciencia eon la libertad, y la libertad eon la necesidad, y entonces yo no soy libre nicamente en el sentido de que no puedo destruir esta identidad entre la libertad y la necesidad; no puedo oponer la una a la otra; no puedo sentirme trabado por la necesidad.

Pero esta falta de libertad es al mismo tiempo la manifestacin ms completa de libertad, Simmel, dice que la libertad es siempre la libertad respecto a algo, y all donde la libertad no se concibe como algo opuesto a una traba, deja de tener sentido.

Esto, naturalmente, es cierto. Pero no es posible, fundndose en esta pequea verdad elemental, refutar la tesis de que la libertad es la necesidad hecha conciencia, tesis que constituyo uno d-e los descubrimientos ms geniales del pensamiento filosfico.

La definicin de Simmel es muy estrecha-, se refiere nicamente a la libertad no sujeta a trabas exteriores. Mientras se trat solamente de tales trabas, la identificacin de la libertad con la necesidad sera en extremo ridicula: el ladrn no es libre de robarnos ni siquiera el pauelo del bolsillo si se lo impedimos y, en tanto, que no ha vencido, de uno u otro modo, nuestra resistencia. Pero, adems de esta nocin elemental y superficial de la libertad, existe otra, incomparablemente ms profunda.

EH subjetivista ruso opone sus ideales utpicos a nuestra realidad capitalista y no va ms all. Los subjetivistas se han quedado enchar cados en el dualismo. Los ideales de los llamados discpulos 10 rusos se parecen a la realidad capitalista incomparablemente menos que los ideales de los subjetivistas. A pesar de esto, los discpulos" han sabido hallar un puente para unir los ideales con la realidad. Los discpulos se han elevado hasta el monismo. Segn ellos, el capita lismo, en su desarrollo, conducir a su propia negacin y a la realiza cin de los ideales de los discpulos rusos, y no slo de los rusos.

Es una- necesidad histrica. E l discpulo es un instrumento de esta necesidad y no puede dejar de serlo, tanto por su situacin social como por su carcter intelectual y moral, creado por esta situacin. Esto tambin es un aspecto de la necesidad. Pero, desde el momento en que su situacin social ha formado en l precisamente este carcter y no otro, l no slo sirve de instrumento a la necesidad, y no slo no puede no servirle, sino que apasionadamente quiere y no puede dejar de querer servirle.

Este es un aspecto de la libertad, una libertad surgida de la necesidad, o ms exactamente, una libertad que se ha identificado con la necesidad, es la necesidad hecha libertadu.

Semejante libertad tam bin es una libertad respecto a alguna traba; ella tambin se opone a una restriccin de libertad: las definiciones profundas no refutan a las superficiales, sino que, completndolas, las abarcan. Pero de qu trabas, de qu restriccin ele libertad, puede, pues, tratarse en este caso? La cosa es clara; de las trabas morales que frenan la energa de los hombres que no se han despojado del dualismo; de las restricciones que constituyen un motivo de sufrimiento para aqullos que no han sabido tender un puente a travs del abismo que separa los ideales de la rea lidad, En tanto, que el individuo no ha conquistado esta libertad me diante un esfuerzo viril del pensamiento filosfico, no es an plenamente dueo de s mismo y con sus propios sufrimientos morales paga un tri buto vergonzoso a la necesidad exterior con la que se enfrenta.

El individuo se convierte en unn fran fuerza social y ningn obstculo podr ya impedirle lanzarse con la furia de los dioses sobre la prfida iniquidad, III Lo repetimos una vez ms: la conciencia de a necesidad absoluta de un determinado fenmeno, slo puede acrecentar la energa del hom bre que simpatiza con l y que se considera a s mismo una d las fuerzas que originan dicho fenmeno.

Si este hombre consciente de o. Supongamos, en efecto, que el fen meno A tiene que producirse necesariamente si existe una determinada suma de condiciones.

Ustedes me han demostrado que esta suma en parte, existe ya y la otra parte ser asegurada en un determinado momento T. Convencido de eso, yo, hombre que simpatiza con el fen meno A, exclamo: Muy bien! Qu resultar de ello? Pero como yo me ech a dormir, en. Mi lugar ser probablemente ocupado por otro hombre, que tambin se hallaba prximo a la inactividad, pero sobre quien ha ejercido una influencia saludable el ejemplo de mi apata, que le pareci muy repulsiva.

Pero si la fuerza ma no es igual a cero, si soy un militante hbil y capaz y nadie me puede sustituir, entonces la suma 8 no ser com pleta y el fenmeno A o se producir ms tarde de lo que habamos calculado o no se producir tal como lo esperbamos o no se producir de ningn modo. Esto es claro como la luz del da, y si yo no lo comprendo, si yo pienso qne 8 continuar siendo 8 despus de ser yo reemplazado, se debe nicamente al hecho de que yo no s contar.

Pero soy yo acaso el nico que no sabe contar? Por consiguiente, tambin ustedes han calculado mal. Pero supongamos que han acertado en todo, que lo tuvieron todo en cuenta. En tal caso, los clculos de ustedes adquirirn el siguiente aspecto: dicen que en el momento T tendremos una suma 8.

IRWIN MILLER AND MARYLEES MILLER MATHEMATICAL STATISTICS PDF

Plejanov y “el papel del individuo en la historia”

.

ET200ECO MANUAL PDF

El papel del individuo en la historia

.

DESPUES DEL FIN DEL ARTE ARTHUR DANTO PDF

Plejanov. El papel del individuo en la historia

.

Related Articles